La obra dirigida por Lucho Mueckay se estrena hoy en la sala teatral de la calle Numa Pompilio Llona a las 20:00. Habrá funciones hasta los domingos.
El guion original de esta obra de 70 minutos cobró forma tras varias sesiones de lectura, relectura y redescubrimiento del texto Platero y yo (1918) entre el dramaturgo y actor Lucho Mueckay y el director teatral Carlos A. Ycaza.
De esos encuentros creativos surgieron lágrimas, instantes de nostalgia, abrazos, sonrisas y brindis; pero también el genio teatral se puso de parte de los artistas para inspirarlos a descifrar cómo trasladar los versos del español Juan Ramón Jiménez (1881-1958) a un libreto.
Bajo esa nueva forma que le ha otorgado Estudio Paulsen, se presentará desde esta noche Platero y nosotros en el íntimo escenario teatral, ubicado en la entrada de la calle Numa Pompilio Llona (barrio Las Peñas), con funciones de jueves a sábado partir de las 20:00. El domingo el espectáculo empieza a las 17:00.
“Yo he tenido este libro en mi cabeza desde que tenía 15 o 16 años, cuando un amigo me lo regaló, y es uno de los textos que marcaron mi existencia, porque me conecta a un proceso de vida y que me acompañó siempre, inclusive en mi trabajo después de comunicador, porque tiene equivocadamente la etiqueta de ser un libro o un cuento para niños y nunca lo fue para mí”, recuerda Ycaza, quien llevó la idea original de la obra a Mueckay para juntos darle una estructura escénica. “Es una reflexión autobiográfica de un gran escritor al que admiro”.
Mueckay recibió el libro de Jiménez durante sus primeros años de vida, aunque admite que logró comprenderlo a profundidad en su adolescencia, cuando el texto fue una de las asignaciones literarias entregadas por sus maestros. “Lo leí de una sentada”, recuerda.
Para interpretar el libreto, confían en un grupo de actores en el que el único que tiene un rol definido es Benjamín Cortés como Juan Ramón Jiménez, y cuya voz sirve de guía transversal para la aparición de los otros intérpretes, Steff Alarcón, Daniel Ernesto Ortega y Hanoi Mueckay.
“El argumento es alguien que vuelve al pueblo en donde alguna vez tuvo que despedirse de su amigo, Platero”, comenta Mueckay. “Y regresa a recordar aquellos lugares, personajes, anécdotas y festividades que tuvo de niño. Ahora que es un adulto, se reencuentra con su mundo de la niñez a través de los recuerdos”.
Los otros actores sirven, entonces, para recrear las distintas memorias del autor. “Son personajes ‘relámpago’. Representan algo: una circunstancia, una atmósfera, una actitud, un momento, y se van”.
El montaje se complementa con música en vivo a cargo de Nerio David y su guitarra, con diversos temas traídos por el artista para el montaje que se intercalan y se conectan con la trama.
“Para Juan Ramón Jiménez, la niñez, como una faceta de la existencia del hombre, debe acompañar al adulto hasta su muerte. El hombre no debe perder a ese niño escondido, que tiene que ver más que nada con una sensibilidad hacia todo lo que es la existencia, y ni se diga por los animales, como es el caso de Platero, que es el eje”, agrega Ycaza.
¿Se pregunta si el burrito estará presente en la obra? Sí. El público podrá ver y sentir al burrito dentro del Estudio Paulsen, aunque tendrá que asistir para descubrir el cómo.
Lo que es seguro es que, gracias a esta pieza, Platero tendrá muchos más amigos: a nosotros.
Fuente: El Universo